jueves, 17 de abril de 2008

Playa Girón en la memoria


Por Omar Pérez Salomón

A cada golpe del imperialismo, la Revolución respondió con un contragolpe. Día tras día, mes tras mes, desde la alborada de enero de 1959, el gobierno norteamericano comenzó a hostigar a la Revolución. Sin embargo todo había sido infructuoso. El pueblo cubano se unió más y estuvo dispuesto a defender con su propia vida, si hubiera sido necesario, la libertad conquistada.

Ya desde 1959, altos funcionarios de la Casa Blanca abogaron por una invasión. Recordemos lo que confesó el vicepresidente de Eisenhower, Richard Nixon, en su libro Seis Crisis: “A principios de 1960, la opinión que yo había sostenido durante nueve meses se impuso por fin. La Agencia Central de Inteligencia recibió órdenes de proporcionar armas, municiones y adiestramiento militar a los cubanos que habían huido del régimen de Castro y que en esa época se hallaban desterrados en Estados Unidos y varios países de América Latina.”1

El 17 de marzo de 1960, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), recibió instrucciones del jefe del gobierno a fin de que organizara el entrenamiento de los anticubanos. A partir de entonces, los preparativos para organizar una fuerza mercenaria y derrocar el poder revolucionario pasaron a formar parte de la estrategia global anticubana. En este sentido se puso en marcha un plan de cuatro puntos que incluía la creación de un gobierno en el exilio, una campaña de propaganda, operaciones clandestinas de inteligencia en la isla y una fuerza paramilitar fuera de Cuba para entrenar guerrilleros.

En el mes de abril de 1960, Roberto Alejos, uno de los magnates cosecheros de café de Guatemala, fue visitado en sus oficinas por el Primer Secretario de la embajada yanqui en Ciudad Guatemala y jefe de la CIA en ese país, para obtener su visto bueno para que en sus fincas se entrenaran las fuerzas anticubanas.

De esa forma, en mayo de ese mismo año, llegaron los primeros cubanos a la finca Helvetia. El destacamento de más de treinta hombres había entrado en Guatemala como “ingenieros agrónomos”. En Helvetia fueron adiestrados como expertos en comunicaciones.

Cuando el pueblo cubano se enfrentaba a la prepotencia de las petroleras, los yanquis terminaban la construcción de barracas en las montañas de Guatemala. En la base Trax o Vaquero, como se le conocía indistintamente a esa zona de adiestramiento, ya estaban acantonados por esa fecha cientos de mercenarios acompañados de instructores, oficiales de logística y de contabilidad de la CIA.

Al mes siguiente la CIA comenzó la construcción de una pista secreta de aterrizaje en Retalhuleu. La existente resultaba inadecuada para los aviones
C-46, C-54, Y B-26 que serían llevados allí.
El gobierno cubano en julio de 1960 pidió una reunión del Consejo de Seguridad para considerar las reiteradas amenazas, hostigamientos, maniobras, represalias y agresiones que venía sufriendo Cuba por parte del gobierno de Estados Unidos.

Los incendios en los campos cañeros, las reiteradas violaciones de su territorio, las agresiones de aviones piratas con bases en Estados Unidos, la negativa a refinar el petróleo, la reducción de la cuota azucarera, etcétera, constituían poderosos elementos de juicio para llegar a la conclusión de que se tramaba una agresión militar contra el pueblo cubano.
El canciller cubano Raúl Roa García así lo hizo constar en la reunión del Consejo de Seguridad que se efectuó el 18 de julio de 1960. Por su parte, el representante de Estados Unidos, Henry Cabot Lodge, negó categóricamente que su gobierno hubiese realizado amenazas u otros actos agresivos contra el gobierno de Cuba.

El Consejo de Seguridad determinó aplazar el examen de la denuncia formulada por Cuba en espera de un informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre el particular.
El organismo supremo de la ONU aprobó, en definitiva, un proyecto de resolución presentado por Ecuador y Argentina que “ofrecía una fórmula conciliatoria que, al marcar un compás de espera, concedía un plazo para que se pudiese efectuar una reconciliación entre las partes”.
Además se tomó en consideración un memorándum presentado ante la OEA por el Departamento de Estado norteamericano en el que se acusaba a Cuba de “alterar la paz en el hemisferio a través de una maligna propaganda contra Estados Unidos”.

El rechazo de la solicitud cubana y la aprobación del proyecto de Resolución ecuatoriano-argentino constituyeron, de hecho, un estímulo a la agresión militar yanqui a Cuba que se cometió a mediados de abril del año siguiente.
A partir de septiembre, al quedar terminado el campo de aterrizaje, la actividad de entrenamiento de la fuerza mercenaria en tierras guatemaltecas, se incrementó.

En la sesión plenaria de la asamblea general de la Organización de Naciones Unidas, efectuada el 7 de octubre de 1960, Cuba denunció que en los meses de agosto y septiembre se produjo la entrada en Guatemala de más de cien aviadores y técnicos militares norteamericanos, más de cuarenta aviones de propulsión a chorro, bombarderos de diversos tipos y varios Globe Master.
El adiestramiento también progresaba en Estados Unidos, particularmente en la Florida. Constantemente la propia prensa norteamericana sacaba a relucir estos preparativos:

El Daily Mirror decía editorialmente que “los marines pueden marchar contra la isla, tomarla por asalto y arrojar al mar a todos los que se opongan”.2
La revista Life publicó fotos de mercenarios entrenándose en Miami. Por otra parte los canales de televisión de la British Broadcasting Co. (BBC) exhibieron un documental de las actividades de los contrarrevolucionarios en Miami y sus campos de entrenamiento, en el que se mostró abundantes armas y parque, que estaban listos para su rápido traslado hacia la isla Andros, en las Bahamas, a menos de veinte kilómetros de las costas cubanas.
Por su parte, el Departamento de Estado yanqui sostuvo que no existían campos de entrenamiento, ni se reclutaban mercenarios ni criminales de guerra. No reconoció tampoco que el Pentágono estuviese organizando tropas de asalto en Guatemala.

En diciembre de 1960 el gobierno de Cuba planteó en la ONU que tenía en su poder los hilos del siniestro plan, urdido por la CIA en estrecha colaboración con el Pentágono y los monopolios norteamericanos, afectados por las leyes de beneficio popular promulgadas por la Revolución Cubana y con la pública cooperación de los criminales de guerra cubanos refugiados en territorio norteamericano, mercenarios, terroristas y varios gobiernos títeres del hemisferio occidental.

Con el rompimiento diplomático efectuado el 3 de enero de 1961 por parte del gobierno de Estados Unidos con el gobierno de Cuba, se daba luz verde a las operaciones militares contra la isla. El Congreso norteamericano debía invocar la doctrina Monroe y declarar que una potencia europea está realizando una agresión indirecta contra Estados Unidos y otras naciones americanas al crear “un régimen satélite en Cuba”.

El objetivo de la operación, como el de otras seguidas para derribar gobiernos surgidos a raíz de movimientos de liberación nacional, era bien claro y preciso: suplantar al gobierno revolucionario y popular por uno títere, afín a los intereses monopolistas yanquis.

En resumen, la invasión preparada por el gobierno de Eisenhower fue llevada a efecto por la administración de John F. Kennedy por Playa Girón, en abril de 1961.
En menos de 72 horas el ejército que organizó durante muchos meses el gobierno imperialista de Estados Unidos fue aniquilado por la disposición de combate del pueblo cubano y de su dirigencia encabezada por el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Playa Girón fue la confirmación tangible de que Estados Unidos estaba empeñado en impedir a toda costa la realización de transformaciones sociales y de cambios estructurales en un continente que consideraba de su propiedad.
La derrota aplastante de los mercenarios del imperialismo significó para los pueblos latinoamericanos un verdadero ejemplo de dignidad, y demostró la invencibilidad de un pueblo cuando conquista sus reales y efectivos derechos y libertades y lucha por conservarlos; para el imperialismo yanqui significó su primera y gran derrota en América.

1 Baldomero Álvarez Ríos: Cuba: Revolución e imperialismo, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1969, p.82.
2 Daily Mirror: 28 de octubre de 1960.

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