jueves, 13 de febrero de 2014

Disidentes en su propio atolladero

Lidia Sol Michel 

El año no pinta bien para grupos de disidentes cubanos. Se apagan sus buenas estrellas, dirían los oráculos ante la situación en ciernes que anuncian los titulares. Después de las giras internacionales para promover sus causas y hacerse fotos con acólitos influyentes, el aura comenzó a extinguirse por una concatenación de acontecimientos en dirección contraria a sus intereses.

Algunos de sus afines norteamericanos enfrentan circunstancias embarazosas. El senador por Nueva Jersey Bob Menéndez y la representante por Miami Ileana Ros-Lehtinen están implicados en la aceptación de dinero para sus campañas a cambio de “interceder” a favor de que dos banqueros ecuatorianos en búsqueda y captura permanecieran en Estados Unidos. Ellos y otros representantes de las alianzas anticubanas como Huber Matos, Posada Carriles y la Fundación Nacional Cubano Americana atraviesan una mala racha.
Los jefes de estado del entorno más cercano participaron en Cuba en la Cumbre de la CELAC y firmaron nuevos pactos de integración ajenos a la Casa Blanca y a su política contra la isla. A ese concierto se suman voces de personalidades norteamericanas que piden el fin del bloqueo, como la del ex gobernador de la Florida, Charlie Crist, en campaña por retomar las riendas del estado y quien defiende las inversiones en territorio cubano. El senador por Vermont Bernie Sanders visitó recientemente La Habana y también es partidario de esa tendencia: “Las empresas estadounidenses están perdiendo miles de millones de dólares a causa del embargo económico. Mientras tanto, los canadienses y los europeos están creando puestos de trabajo a través de sus inversiones en Cuba”, dijo el senador quien estuvo precedido a finales de enero por el demócrata Tom Harkin, otro defensor del fin del bloqueo.
Hasta la hostil disidencia cubana siguen llegando noticias desalentadoras. Más de la mitad de los estadounidenses está a favor de que el Gobierno de su país normalice las relaciones con Cuba, informa Europa Press refiriéndose a una encuesta de la organización Atlantic Council. “Así, el 56 por ciento de los consultados, procedentes de todos los espectros de la sociedad estadounidense, se muestra a favor de normalizar la relación con la cercana isla, una cifra que aumenta hasta el 63 por ciento entre los residentes en el estado de Florida, donde vive principalmente la comunidad cubano-americana, y hasta el 62 por ciento entre la comunidad hispana de todo el país”.
En este contexto las naciones de la Unión Europea deciden iniciar un proceso de negociaciones para poner fin a la infructuosa Posición Común, una política que será reemplazada por otro acuerdo basado en relaciones de diálogo político y cooperación. España es una de las naciones que durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y del actual de Mariano Rajoy ha propiciado el giro europeo a pesar de quienes se aferran al hostigamiento del gobierno cubano.
En la segunda mitad del 2013 los representantes más connotados de ese acoso acudieron a territorio español en busca de apoyo y exaltación. Precisamente fueron acogidos por José María Aznar, autor intelectual de la Posición Común ahora en extinción y por Esperanza Aguirre quien deshoja margaritas preguntándose si España la quiere o no la quiere tras la debacle de su empeño por privatizar la salud madrileña y de otras causas perdidas.
Cunde la incertidumbre entre disidentes encumbrados a la vista de los gestos de acercamiento y de la decadencia de las políticas para su “sostén”. Se preguntarán si continuará el maná del contribuyente para su personal disfrute cuando más se habla de proyectos inversionistas y de cooperación para el beneficio social. Sienten y dicen que se quedan fuera. Así ocurre cuando ciertos interlocutores carecen de legitimidad

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