jueves, 8 de mayo de 2014

EL FARISEÍSMO DE LA POLÍTICA EXTERIOR YANQUI

por Pedro Martínez Pírez 

Hace pocos días el Departamento de Estado de los Estados Unidos publicó su Informe por Países sobre Terrorismo correspondiente al año 2013, en el cual volvió a incluir a Cuba, por trigésima segunda ocasión, como “Estado Patrocinador del Terrorismo”. 
Algo que parece increíble a estas alturas del Siglo 21, cuando Cuba goza del reconocimiento universal y está siendo agredida por el imperio mediante el ya famoso Zunzuneo, que ha provocado el repudio universal, y el envío de terroristas desde Miami, como los cuatro recientemente detenidos por las autoridades cubanas. 
Pero esta vez al Departamento de Estado yanqui no le quedó otra opción que reconocer en ese informe el activo papel de Cuba en el apoyo a las negociaciones para la paz en Colombia, así como que no existe información de que el gobierno cubano haya suministrado armamento o dado entrenamiento paramilitar a grupos terroristas. 

El imperio admite, asimismo, que los miembros de la organización vasca ETA residentes en Cuba "fueron reubicados --en la Mayor de las Antillas-- con la cooperación del gobierno español", es decir, más que criticar debería Washington felicitar a Cuba por apoyar no solamente la paz en Colombia, sino también en el País Vasco. Como único pretexto para tratar de justificar esta calumniosa categorización el Departamento de Estado alude a la presencia en Cuba de  supuestos “fugitivos” de la justicia estadounidense, ninguno de los cuales, según precisó la Cancillería cubana, ha sido acusado de terrorismo. A algunos de estos ciudadanos se les concedió asilo legítimamente, mientras que otros que cometieron delitos en los Estados Unidos, fueron debidamente juzgados y sancionados, y decidieron residir en Cuba tras el cumplimiento de sus sentencias. La respuesta del gobierno de Cuba ha sido, pues, contundente: Es el Gobierno de los Estados Unidos el que emplea el terrorismo de Estado como un arma contra países que se oponen a su dominación, utiliza métodos repudiables como la tortura y emplea tecnología militar avanzada, incluidos los aviones no tripulados, para ejecutar extrajudicialmente a supuestos terroristas, incluso ciudadanos estadounidenses, y han causado además numerosas muertes de inocentes entre la población civil. Cuba es uno de esos países que, por defender su independencia y dignidad, sufrió durante décadas las consecuencias de actos terroristas, organizados, financiados y ejecutados desde el territorio de los Estados Unidos, con un saldo de 3 478 muertos y 2 099 discapacitados. Y sufre desde hace más de medio siglo un cruel e injusto bloqueo económico, comercial y financiero que afecta también a otras naciones y al propio pueblo norteamericano. Cuba, América Latina, el Caribe y el mundo jamás olvidarán que es el Gobierno de los Estados Unidos el que sigue dando refugio a terroristas de origen cubano, como Luis Posada Carriles, autor intelectual del primer atentado terrorista contra la aviación civil en el Hemisferio Occidental, que provocó la explosión en pleno vuelo, frente a las costas de Barbados, de un avión de Cubana de Aviación, el 6 de octubre de 1976 y el fallecimiento de sus 73 pasajeros y tripulantes. El fariseísmo de la política exterior yanqui, que es tan antiguo como ese imperio, provocó el rechazo enérgico de la Cancillería cubana, que condenó públicamente la manipulación de un tema tan sensible como el terrorismo internacional para convertirlo en  instrumento de la política contra Cuba y demandó a Washington a excluir   definitivamente a la nación caribeña de esa lista espuria, unilateral y arbitraria  que es una afrenta al pueblo cubano y desacredita al propio Gobierno de los Estados Unidos.

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